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Una nueva era…

La resurrección del Señor no fue un retorno a la vida terrena En este día solemne y festivo de la Pascua, la invitación no es a reflexionar sobre cómo fue posible la resurrección. En todo caso, se tiene todo el año para ahondar en la posibilidad del acontecimiento; y existe muchísimo material para ello. Claro está, que sin olvidar que se está ante un hecho que nos trasciende.

Por Edgardo Flores

La resurrección del Señor no fue un retorno a la vida terrena En este día solemne y festivo de la Pascua, la invitación no es a reflexionar sobre cómo fue posible la resurrección. En todo caso, se tiene todo el año para ahondar en la posibilidad del acontecimiento; y existe muchísimo material para ello. Claro está, que sin olvidar que se está ante un hecho que nos trasciende.

“La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz” (CEC 638).

Sólo recordar algunas cuestiones que permitan tomar consciencia del don recibido:
La resurrección es una verdad central y parte esencial del Misterio Pascual; tanto que constituye los anuncios más antiguos del N.T. Lo primero que anunciaron los apóstoles es que, Aquel que fue crucificado y muerto, “ha resucitado”.

La resurrección es una verdad culminante. Establece el punto más alto de la misión de Jesús. “La promesa hecha a nuestros padres, Dios la ha cumplido en nosotros… al resucitar a Jesús” (Hch 13,32-33). La resurrección es la plenitud del misterio de la Encarnación.

Finalmente, si por su pasión y muerte Jesús nos ha merecido la salvación –nos ha hecho justos a los ojos de Dios–, por su resurrección nos abre las puertas de una vida nueva. Por lo tanto, todo lo acontecido en las jornadas pascuales compromete a cada uno de los que las celebran, en la construcción de una nueva era. La resurrección del Señor no fue un retorno a la vida terrena, sino a un modo esencialmente diferente. Del estado de muerte para a una vida más allá del tiempo del espacio, participando de la vida divina en esta glorioso. Por lo tanto, y esto es lo importante, celebrar la Pascua de Jesús, no implica “cerrar” nuestra pascua. Todo lo contrario… ¡comienza!
Para el que cree y celebra a Jesús resucitado, la Pascua debería ser el primer paso de algo totalmente “inédito”, esencialmente “diferente”.

Nuestro tiempo, un tiempo en el que vale todo y no vale nada, en el que “cada día es un volver a comenzar, y cada noche es un volver a concluir, donde parece no haber novedad” (Conferencia Episcopal Argentina) Jesucristo, Señor de la Historia [2000] n° 8), reclama un “nuevo dinamismo” (Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, n° 15), es decir, está necesitado de la gran tarea de proyectar lo original. Al respecto, Navega Mar Adentro, documento que la Conferencia Episcopal Argentina publicara en el año 2003, para actualizar las Líneas Pastorales con vistas a la Nueva Evangelización, expresa con claridad: “…No estamos en una época de cambios sino ante un cambio de época que compromete seriamente la identidad de nuestra nación.” (nº 24). Por lo que el “nuevo dinamismo” reclamado se convierte, no sólo en un objetivo general, sino también en la “Gran tarea” de proyectar “algo inédito para superar la situación en la que nos encontramos” (Conferencia Episcopal Argentina, Navega Mar Adentro [2003], nº 98), como pueblo local, provincial y nacional.

“Por sus frutos los conocerán” (Mt 7, 16.20). Sólo así podrá hablarse de un antes y un después de Cristo.

¡FELICES PASCUAS DE RESURECCIÓN!

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