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Diez años sin Mercedes Sosa. Una artista esencial de la música popular argentina

La notoriedad de Mercedes, se fundamentó en un repertorio que no concedía a trivialidades.

04/10/2019.- Gracias a la vida que nos diste tanto, decía un cartel hecho a mano alzada con impulso repentista, pegado en la esquina de Callao y Rivadavia, sobre la pared de lo que fue la Confitería El Molino. Era uno de los miles de papelitos, cartas improvisadas, mensajes desesperados que declaraban amor y gratitud en la despedida a Mercedes Sosa, mientras sus restos eran velados, ahí al frente, en el Congreso de la Nación.

El 4 de octubre de hace diez años cayó domingo y amaneció nublado. El día no terminaba de aclarar y en las radios de los serenos, las televisiones de los bares y el boca en boca de los trasnochados retumbaba la triste noticia. Después de casi un mes de agonía, Mercedes Sosa murió a la madrugada.

La cantora se bajó de los escenarios, del mundo y de la humana contingencia. Dejó su melancolía terrena, hecha del dolor de vivir y de la alegría de cantar.

Aquel día en la Argentina se decretó duelo nacional y desde el mediodía, sus restos fueron velados en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso con el protocolo previsto para los embajadores. Durante toda la tarde y la noche que le siguió, miles y miles de personas se acercaron para darle el último saludo.

Pasaron personalidades de la cultura y la política, colegas, pero como muchas veces sucede, por espontaneidad e intensidad, lo más conmovedor estuvo en la gente, ese pueblo enunciado de mil maneras en las canciones que Mercedes cantaba.

Todos los rostros todos, de todas las edades y las condiciones sociales, hicieron la cola de varias cuadras para poder acercarle una florcita, agitarle un pañuelo; o simplemente dedicarle un pensamiento, una mirada, un beso empujado con la mano. O romper el severo silencio del salón con un aplauso, un «¡Gracias, Negra!» y hasta entonar uno de los tantos versos que la cantante tucumana sembró en varias generaciones de argentinos.

Fue el último velorio multitudinario para una artista popular. Al otro día, el cortejo partió hacia la Chacarita y el último saludo fue cantando. Sus cenizas hoy son parte del aire de Mendoza, Tucumán y Buenos Aires, sus tres patrias chicas.

 

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